Me despiertan ellos, como cada día, son las 07:00AM. Consciente que es mi última etapa, mi último día en esta excelente aventura, saboreo y estoy en la cama más tiempo que otros días. Me pongo en marcha, saludo a Ulf, (God Morgon!), Chelo ya se ha ido; Me como la otra empanada que había guardado de ayer y después del ritual matutino que intento hacerlo muy lentamente, me pongo en marcha al Camino, al bajar, saludo a los tres mosqueteros y me avisan que aproveche algún bar en Padrón, que luego no hay hasta pasados bastantes kilómetros.
Salgo a la calle, Camino sobre los pasos de ayer, atravieso el puente y me veo tan solo hace unas horas cuando conversaba aquí mismo con Chelo y Ulf, cuando llegaba entre las gentes del mercado, etc. La luz y el aire fresco a esta hora es fabuloso, ando siguiendo las flechas y ya casi estoy saliendo del pueblo, recuerdo la sabias palabras de los tres mosqueteros y paro en un bar para tomar un café con leche, me ponen medio croissant y una magdalena para acompañarlo por el módico precio de 1€.
Vuelvo al Camino y después de caminar un rato, veo en las señales que tan solo faltan 17Km. para Santiago, esto se acaba. Compartimos algunos tramos feos con la N-550 (carretera); algunas aldeas muy pequeñas, personas trabajando la tierra, hórreos aquí y allá, siempre presentes en el Camino por tierras gallegas. A lo lejos veo un hombre andando y me fijo, es Juan de Dios, me voy acercando y en un rato lo alcanzo, lo saludo y compartimos un buen rato del tramo final. Coincidimos con otros viajes que hemos hecho, los dos hemos tenido la suerte de haber viajado y de coincidir en los viajes, es realmente agradable porque siempre son buenos recuerdos el haberte trasladado en el tiempo y la distancia, además compartirlo. Aquí salen entre otros, el Camino francés, la isla de la Palma, volcanes espectaculares de Ecuador (Chimborazo, Tungurahua), Chile, Argentina, etc.
Seguiré a mi ritmo y me despido de Juan de Dios, los dos comentamos contentos de haber estado ese buen rato; tengo los pies que me cuecen, hoy también hace mucho calor, así que busco un buen sitio y lo encuentro, una terracita al sol, pero con toldo, donde como –medio- bocata y bebo líquido que necesito, son las 12:00PM. y empieza Siglo 21, así que me instalo los auriculares mientras me descalzo y me refresco. Me cambiaré ‘las medias’ como bien me aconseja María en sus e-mails y sigo.
Estoy paralelo en el Camino con la pareja de alemanes, (durmieron en Redondela encima de mi cama) nos saludamos y seguimos más o menos al mismo ritmo sin más. 9Km. marca la última señal que vimos, veo unas torres increíblemente grandes de la central eléctrica, y ya, a 4Km. veo todo Santiago al fondo, casi llego a apreciar las torres sobresalientes de la catedral. Entramos por terreno asfaltado dejando el Camino, no sé si vale la pena seguir las flechas o simplemente seguir en dirección a la catedral que se veía de fondo, las primeras casas de las afueras, un pequeño puente de madera y las flechas indican hacia el Camino francés o hacia el Camino portugués, vaya tela, pues la verdad es que quedo sorprendido por si agarrase el Camino equivocado, aquí, en la entrada a Santiago y dos caminos diferentes, (?). Aparece un señor y le digo, me responde que el que dice portugués se hizo nuevo el año pasado con el tema del Xacobeo, que los dos llevan al mismo sitio, evidente a estas alturas…
Subo al hospital Choupana y subo y subo, hacia la Porta Faxeira y cada vez más gente, más coches, más comercios, me siento raro, me siento desplazado y eso que estoy en Santiago, intento ubicarme y recordar de la otra vez que estuve, pero ni idea, veo la alameda y las grandes oficinas de correos, veo que detrás está la catedral, sigo avanzando, ya llego, ya se acaba.
No sigo ninguna flecha, todo se ha diluido, la esencia se evaporó, veo los acampados INDIGNADOS en la plaza, miro la catedral, me enfrento a ella. Estoy cansado pero no hay más, ojalá mañana pudiese pensar que me quedan 3 o 4 etapas hasta Fisterra, ojalá pudiese ampliar el Camino, pero no, el Camino se ha acabado, estoy en la Praza do Obradoiro.
Un día más tarde, cuando estaba en el avión sentado esperando pista para despegar desde Santiago, miraba por la ventanilla y detrás de las vallas del aeropuerto logré divisar un Camino, se veía un hórreo y alrededor de éste, había gente con mochilas y pantalón corto, se incorporaban después de un descanso a la sombra y seguían andando hacia los restos del apóstol, les faltaba poco, muy poco para seguir en el Camino.
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