220511 Caldas de Reis - Padrón
Con los tapones va genial, a las 07:00AM. cuando ha marchado muchísima gente, el sobrino brasilero roncaba con un eco espantoso, preparo ritual matinal y todo lo consciente que puedo, me pongo a andar paso a paso, en la que será, supuestamente mi penúltima etapa.
A mi manera me despido del albergue de Caldas de Reis, del puente romano, del marinero del bar Bermaña, de todas las buenas vibraciones que se quedan aquí; tanto es así, que en un momento dado, no veo ninguna flecha, intuyo que me he pasado y no hay demasiadas alternativas, doy media vuelta para volver a encauzar las señales, viendo una de muy grande: Ulf.
Andamos juntos, yo voy más frenado, más a ralentí, pero no me importa, me aporta serenidad, paz, tranquilidad... la conversación paso a paso es más que agradable, hablamos de los amigos que se van, de la familia, de política, de Sverige (Suecia) y de todo lo que nos da de sí ese espacio. Milagrosamente veo en el suelo algo que me llama la atención, me agacho y es una vieira de vidrio de color, una joya con forma circular y una cruz de madera que se enlazan en una cadenita de plata; le muestro a Ulf y se sorprende de que la haya visto, era casi imposible ver en el suelo algo tan pequeño, yo, personalmente creo que algún tipo de energía, no me preguntes cuál, me hizo mirar y verlo, lo guardo sin esperanza de que encuentre a su dueña/o, aunque nunca se sabe. Llega un momento que yo sigo mis pasos solo, me despido de Ulf hasta bien pronto con un: Hej Då!
Sigo a mi ritmo conectando totalmente con el Camino y conmigo mismo. ¿Qué es mejor, el Camino y yo mismo o compartirlo?
Enseguida aparece un magnífico bar, con terracita y todo, ¡perfecto!
Pido bocata, bebida y café con leche; hay más peregrinos, y como no, justo llegan los tres mosqueteros (Adrien, Salva y Antonio). Compartimos ese espacio y reímos comentando anécdotas. Sin darme cuenta, meto la mano en mi bolsillo y noto el collar que hallé, les quiero preguntar a todos los peregrinos que hay allí, para ver si es de alguno de ellas/os. Justo delante tengo la mujer que andaba con la otra mujer ayer en Caldas, cerca de mi litera, tan solo preguntar, ella me dice que su collar lo lleva siempre en el interior del monedero, lo abre, mira dentro y me pregunta, ¿Cómo he hecho para sacarla de su monedero?
Perdona, la encontré caminando con Ulf, apareció en el Camino, o la hicieron aparecer, ignoro quién...
La coge de un tirón y me explica que la cruz es de Jerusalén, la joya de sus hijas y la vieira suya, doy por zanjado el tema de quién podía ser el dueño/a de aquellos símbolos y se la entrego. Agradecida y más asombrada, la guarda mirándome como si yo tuviese poderes mágicos o algo similar...
Renovado del ‘kit-kat’, sigo al máximo, hago algunas fotos, pienso, camino y estoy conmigo mismo; hoy no hay programa favorito, es domingo, así que me pongo canciones mías, le pongo la opción aleatoria y voy pasando hasta que hay alguna que me gusta y la dejo un poco más de veinte segundos. Aparece Antony and the Johnsons y todo el cuerpo se me ‘eriza’ y me emociona estar ahí, caminar, la mochila en la espalda, miles de pensamientos giran con la música, la melodía y la voz de Antony, los árboles, el sendero a seguir, una señal más que me guía, más emociones y mis lágrimas se deslizan, lloro y no sé por qué, tampoco me interesa, lloro emocionado en el Camino, pienso en la conexión con los cientos de peregrinos que debe haber ahora mismo en diferentes caminos, me invaden sentimientos de todo tipo mientras mis piernas andan y andan, mientras no paro y voy empapándome con toda la naturaleza que me rodea, se equilibra ‘casi’ todo en mi mente y ya va bajando la intensidad, ya no salen más lágrimas, ya va pasando todo..
Encuentro las dos chicas que durmieron encima de mi cama en Caldas de Reis, comentamos un poquitín, son muy jóvenes y tímidas; me dicen que han cambiado viaje fin de curso en la Costa Brava con sol, discotecas y borracheras por este tramo del Camino, les digo que han elegido una opción muy valiente, muy sana y que les dignifica, en comparación con la otra opción. Son alemanas pero una de ellas viajó a San Luís en Argentina, y por eso que habla castellano, la otra lo comprende pero no demasiado, me despido de ellas y sigo a mi ritmo.
Más adelante paro para refrescarme los pies y descansar unos minutos, allí mismo está Pontecesures y veo bastante gente que va a votar, hoy es el día señalado, veremos qué pasa con los ‘Indignados’ y estas votaciones, ojalá ganen las causas justas, complicado y utópico, pero esperanzador.
Veo a Ulf y me uno a él en este tramo final de llegada a Padrón. Cruzamos el río Sar, cada uno por un lado del puente, hoy domingo es día de mercado, en la calle hay montado un enorme mercado semanal, el cual tenemos que atravesar, una situación surrealista, nosotros con las mochilas y buscando flechas amarillas, rodeados de muchísima gente arriba y abajo y comerciantes gritando frutas, verduras o tres bragas a 5€. Acabamos extasiados y al fin se acaba el gran frondoso paseo paralelo al río, con lo cual ya podemos girar hacia el puente y atravesando éste, el convento del Carmen y el albergue.
5€ y todos los servicios abajo, la habitación con literas de madera verde, subiendo las escaleras, en la parte de arriba. Ritual de llegada, bajo a la ducha, los 3 mosqueteros ya han llegado, tienen una habitación privada para ellos en la parte de abajo, privilegios por llegar antes. Ya liberado de la mochila, refrescado y como nuevo, vuelvo sobre mis pasos y con todo el ambiente de domingo de mercado, me adentro por las calles de este pueblo, donde los pimientos son su gran fuerte. Elegiré una terraza magnífica y miro la carta, hoy no voy de menú, hoy a la carta. Una tremenda ensalada, unas empanadas típicas y como no, una ración de pimientos de Padrón. Me pongo las botas, quizá demasiado y todo, bebo dos claras de limón y de postre me ofrece tarta de cuajada típica de la zona, bestial. Camino un poco dirección al albergue y paro para tomarme un cortado y observar la vida pasar, el calor aprieta y ahora sí, toca relajarme un poco y estirarme en la cama.
Ulf parece que hace rato que descansa y Juan de Dios ronca mucho. Justo al lado de Ulf y frente mío hay la dueña del collar que encontré. Hablamos y me explica que su marido está ahora mismo en el Camino francés, que van paralelos para llegar y encontrarse en Santiago los dos, él salió desde León y ella desde Tui, no habíamos coincidido porque ella, como yo, no lleva saco que caliente suficiente y si en el albergue no hay mantas, se hospeda en alguna pensión u hotel, seguramente coincidió algún día así.
Descansados, decidimos salir a inspeccionar un poco el pueblo, iremos hasta el Jardín Botánico, pero es casi como una plaza grande, aunque sus árboles son inmensos y está muy bien cuidado. Hace mucho calor todavía, buscamos sombras y preferimos sentarnos en el frondoso paseo donde había el mercado, ahora solo quedan restos de éste, basura.
Tan solo encontrarme en el Camino aquel collar, cuando caminaba con Ulf, pensé que nunca encontraría la persona que lo hubiese extraviado, y mira por donde, estaba tomando un café con Chelo, la propietaria. El Camino es lo que tiene, esas pequeñas cosas, aparentemente insignificantes que te hacen ver los detalles a una velocidad más relajada que no solemos llevar en la vida diaria, repletos de compromisos, obligaciones y preocupaciones por todos lados.
Aparece Ulf, al que amablemente invitamos a compartir aquel momento, tomamos una infusión y hablamos de buscarse a sí mismo, retiros en Granada, meditación en India o talleres con un amigo japonés, son algunas de las posibilidades que barajamos para conseguirlo. Aparecen también los tres mosqueteros (Adrien, Salva y Antonio) pero ellos, después de saludar siguen su visita turística por Padrón. Nosotros también ponemos ritmo a nuestros cuerpos y cada uno va a buscar algunas cosas que necesita.
Me pierdo un rato más por la calles de Padrón y acabo en el albergue, subo a la iglesia de Santiago, justo encima del albergue, donde las vistas son inmejorables y espero que se ponga el sol, hago fotos y estoy allí viendo los árboles danzar con el viento, el río Sar y la población a mis pies. Cuando vuelvo al albergue, en la sala de estar veo ‘El País’, el cual hojeo y me leo los artículos que me parecen más interesantes; Ulf anda por aquí también. Ceno una de las empanadas que no me comí al mediodía, no encontré nada abierto en este domingo de mercado, así que es de lo único que dispongo ahora.
Pienso que mañana llego a Santiago y me están viniendo recuerdos de mi relación no demasiado buena con esta ciudad, aunque Santiago es la referencia internacional de llegada de los caminos, justamente esa fue mi decepción en mi Camino francés, llegar. Santiago quiso decir fin de la aventura, llegar a meta, acabar, y eso me dolió; son esos sentimientos encontrados, esas contradicciones, alegría por llegar y rabia porque se acaba, difícil expresar ese tipo de emociones...
Antes de ir a la cama, estamos ahí debatiendo las huellas de identidad que supuestamente todos tenemos, los odiosos nacionalismos. Juan de Dios, los tres mosqueteros, Chelo y yo; realmente nadie está interesado en este tema y parece que todos somos bastante ciudadanos del mundo, pero caemos en el tópico de la España unida o la España separada por sus diferentes estados autonómicos o utópicas independencias, Antonio delante de la postura más centralista de Juan de Dios, aclama su derecho a sentirse de donde un día fue acogido y de donde después de muchos años, junto con sus hijos Albert y Marina, dice emocionado, actualmente se sienten y se hallan. No llegará la sangre al río y más bien tenemos pequeños acuerdos de unión, que no de separatismo, al menos, entre nosotros.
Subo a dormir, ellos se quedan aún con el tema candente; Ulf y Chelo ya están dentro del saco, yo estoy al lado de un alemán, nos separan las maderas de la litera, me pongo los tapones y Chau! Bona nit!
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