200511 Redondela - Pontevedra
Esta noche con los tapones me he insonorizado increíblemente, tanto que esta mañana no me he despertado hasta las 07:00AM. la mayoría de peregrinos ya habían marchado, la ampolla sigue ahí, más seca pero está ahí; le pongo betadine y una tirita, el calcetín, polvos de talco y andando.
Me despido de las calles de Redondela de buena mañana y ya en las afueras, me encuentro un montón de peregrinos, son un grupo de portugueses, los paso y ya en lo alto, antes de atravesar la carretera, un bar, hago mi primera parada con un café con leche y tarta de Santiago, hay otros peregrinos en la terraza del bar, tomando el sol. Durante el Camino nos entrelazaremos la señora sueca, el chico francés, los de Sta. Coloma, los tres señores que tomaban el sol (alemanes) y el grupo de portugueses. También hay un periodo que entablo conversación con el señor que va más lento. Hablamos y coincidencias de la vida, me dice que es sueco, del sur de Stockholm, pero hace 32 años que vive en Madrid. Le comento que la Mormor vivía en Finnberget (Stockholm) y que estuvimos allí en navidad (JUL’06); que recorrimos un poco más ese lindo país, Malmö, Lund, Göteborg y Nacka (Stockholm) al verano siguiente. Me dice que tiene 6 hijos y otra coincidencia, una nieta llamada Stina, por fin alguien que conoce el nombre a la primera, claro, es sueco. Es muy agradable conversar con él, es refinadamente educado y me transmite una sensación muy buena, de la cual me cuesta poner freno; viene una subida y él, que solo hace propaganda de que va demasiado lento, me despide, parece que el también está a gusto hablando conmigo, pero también ve que yo llevo mi propio ritmo. Sigo conmigo mismo, que también me encanta, y con mis pasos, sigo empapándome a cada movimiento de mis botas, a cada zancada enérgica que me hace adentrarme en los preciosos y mágicos bosques de este maravilloso Camino.
Ya en Arcade, como no, le hago una foto a este pueblo y pienso en enviársela por Facebook a los Arcade Fire, imagino cómo podían recibir ellos esta noticia allá en Montreal, o donde quiera que estén de gira. Hay unas obras en el centro y creo que es lo que me hace despistarme y seguir hacia el Ponte Sampaio, pero no el puente histórico, me voy hacia el de hierro, hay unas maravillosas vistas y aprovecho para hacer fotos, pero no veo ninguna flecha, tengo la esperanza de que encontraré alguna más adelante, pero no, me doy media vuelta, está claro que el Camino pasa por el gran Ponte –histórico- Sampaio, vuelvo sobre mis propios pasos, hecho odioso para cualquier peregrino y ya por el centro, veo al grupo de portugueses que me miran raro y me inicio de nuevo por las señales que ya si sigo correctamente.
En una área de picnic paro y miro cómo está la ampolla, suerte que va supurando, gracias a la docena de veces que ayer la pinché, al lado y en el otro pie, unas nuevas ampollitas, pequeñas pero con rabia y en el dedo pequeño derecho otra similar, los pies me cuecen, hace muchísima calor, me descalzo, me refresco y me cambio los calcetines; allí mismo están los tres alemanes que tomaban el sol esta mañana y de repente, aparece la pareja que esta noche durmieron encima de mí y de la señora sueca. El chico, (de la pareja) lleva camisetas de maratones, se le ve muy fibrado, seguramente habrá corrido alguna, ella también está muy atlética, van muy bien equipados, creo que son alemanes; nos saludamos siempre con una sonrisa pero cada uno va a lo suyo.
Siguiendo y sabiendo que Pontevedra es una ciudad pequeña, llego sin casi darme cuenta, y es que es muy pequeña, no hay una aparente entrada como suele haber en otras ciudades, directamente no hay ni entrada, simplemente al girar una curva, se sube una subida donde indica que está el albergue. Llego el primero, no hay nadie, pero enseguida vienen los de Sta. Coloma y el chico francés, también los tres alemanes y un poco más tarde, una señora también alemana, sin mochila y muy poco a poco, creo que debe de tener, por lo menos 85 años. Son las 12:30PM. y aún no han abierto, delante hay dos restaurantes, ya vemos el menú del peregrino, uno de 6€ y otro de 8€, los de Sta. Coloma ya hacen planes.
Cuando ya abren el albergue, tengo el privilegio de ser el primero, 5€ y la cama número 1 es la mía; me ducho, preparo la lavadora (aquí hay) por 6€ y les digo a los de Sta. Coloma y al chico francés que metan su colada, les dejo pendientes para cuando acabe y me voy hacia el centro ya renovado y con las ampollas al aire libre. Hace muchísima calor, busco sombras donde las encuentro y ando cansado; tengo mucha hambre y voy mirando donde comer un buen menú.
Antes de llegar al restaurant Soto, donde como el menú, me bebo un aquarius de un trago; sardinas, pescado a la plancha y ensalada me vienen mejor que nada en el mundo ahora y aquí, un poco de pan, gaseosa y vino de la casa, un yogur y un cortado será el guateque de hoy. Lleno y con mucho calor, cometo el error de no ir a descansar y sí estar visitando el centro de Pontevedra. La basílica de Sta. María, Virgen Peregrina, la Plaza de la Leña y Santuario das Aparicions son algunas de las referencias por donde paso y observo esta –Vila Boa- pequeña ciudad.
Vuelvo caminando cansadísimo y con más calor aún, por fin llego al albergue, la ropa ya está tendida, agradezco al chico francés que insiste en pagarme la mitad de lo que vale la lavadora, le digo que no; recojo y ordeno mis cosas, me siento tan cansado, que simplemente estoy. Hasta hay un momento que me quedo tan relajado en el sillón de la sala de estar, que quedo embobado mirando tres moscas como vuelan sobre sí mismas, permanezco allí, mirando fijamente sus acrobacias aéreas, sorprendido de su velocidad y sistema de improvisación sobre el vuelo, pienso qué ‘carallo’ deben de estar haciendo, cuando se incorpora una cuarta mosca.
Cuando ya parece que ha bajado un poco el sol, aún cansado, vuelvo a salir hacia el centro, necesito algo de cena, tiritas o compeeds y polvos de talco o vaselina que me ha aconsejado Salva (el de Sta. Coloma), parece que si te untas con vaselina, el pie forma una capa que protege de la humedad y no se caliente tanto como para que salgan las –malditas- ampollas, ya había escuchado hablar y había leído, en las carreras largas, medias maratones o maratones, suele aconsejarse para el roce, en la entre-pierna y en los pezones.
Al final he cenado fresas y yogures, estaba hablando con el señor sueco que vive en Madrid, he cargado las baterías, recogido la ropa y ahora ya esperaré a las diez para ir a la cama, estoy súper-cansado.
Mañana hay la posibilidad de parar en Caldas de Reis, 22Km. -lo que hace todo el mundo- o seguir hasta S. Miguel de Valga, 35Km. de esta manera, al día siguiente me planto en Santiago y podría seguir hasta Fisterra, eso significaría ir como una locomotora. Malditas indecisiones, por una parte me apetece correr y hacer caso omiso a las ampollas, ir a tope, físicamente no hay problema, me encuentro muy bien, pero por otro lado, sé que sería un ‘sprint’ de locura sin realmente tener en cuenta muchísimos detalles que creo me arrepentiría una vez lograse llegar a meta, como siempre, no sé qué hacer..
¿Disfruto y voy poco a poco, me deleito a cada paso, o voy a full, triplico esfuerzos y no dejo de caminar hasta Fisterra como loco?
Mañana veremos...
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada